La Habana.— El presidente cubano Miguel Díaz-Canel anunció este martes que está dispuesto a viajar personalmente a rescatar a Nicolás Maduro “de las garras del imperialismo yanqui”, en una operación que bautizó como “Misión Humanitaria: Ven pa’cá que aquí estamos peor”.
El anuncio fue hecho durante una comparecencia televisiva de tres horas y media, donde el mandatario cubano explicó que no puede permitir que un “hermano revolucionario” sufra las terribles condiciones del enemigo histórico: supermercados llenos, electricidad estable y Wi-Fi funcional.
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“Maduro no puede seguir expuesto a ese horror capitalista”, declaró Díaz-Canel. “Nosotros tenemos el deber moral de traerlo a un lugar seguro, donde no haya tentaciones consumistas ni expectativas de vida exageradas”.
El rescate se realizaría en una avioneta soviética restaurada con piezas de Lada, pilotada por un general retirado de las FAR. El operativo incluye una caravana de bicicletas para el recibimiento oficial en La Habana, ya que los carros estarán guardados “por si acaso”.
Sin embargo, el entusiasmo cubano recibió un baldazo de realidad desde el norte. En una inesperada declaración grabada desde territorio estadounidense —y con aire acondicionado audible de fondo— Nicolás Maduro fue tajante:
“Si el plan es llevarme a vivir a Cuba, prefiero mil veces estar preso en el imperio antes que vivir en el infierno comunista de La Habana”.
La frase cayó como un apagón emocional en la Plaza de la Revolución. Fuentes del MININT aseguran que varios ideólogos necesitaron suero y consignas nuevas tras escuchar al presidente venezolano describir a Cuba como “un museo del sufrimiento donde el futuro se suspendió en 1959”.
Maduro, visiblemente relajado y con una hamburguesa que no parecía de soya en la mano, profundizó su argumento: «En Estados Unidos, aunque me arresten, por lo menos hay papel higiénico, Amazon y Netflix. En Cuba te detienen el ánimo antes que el cuerpo”.
Díaz-Canel, lejos de amilanarse, respondió con firmeza: «Eso lo dice porque no ha probado el pan normado recién llegado ni ha hecho una cola de ocho horas para comprar pollo que no llega. Cuba cura cualquier desviación ideológica… a fuerza de realidad”.





